“Quiero comprar flores para el sepulcro de mi marido”, dijo la vieja gitana abriendo las manos y dejando caer una cascada de monedas en la barra de la tienda de mis padres.
“¿Pero donde ha conseguido este dinero, Doña Esperanza?”, mi madre le preguntó.
“He vendido mi cama de hierro. Quiero flores para su sepulcro, por favor.”
“¿Se está durmiendo en el suelo?”
“No importa. Fué muy buen marido. Nunca me ha pegado.”
Muchísimas gracias a Don Francisco por todas las historias. Espero que no se moleste. : )